lunes, 9 de octubre de 2017

La parienta ofendida y otras invasiones

Estaba yo en el velatorio, tomándome un respiro de frases banales sobre la brevedad de la existencia, cuando veo a una señora salida outtanowhere que cruza la sala a grandes zancadas y se planta ante mí.
- La última vez que nos vimos -dice-, te pregunté quién eras y me dijiste adiós y te fuiste.
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Anteriormente…
Según parece, esa mujer y el que escribe coincidimos tiempo atrás en un acto social con medio centenar de personas. El 98% de los allí reunidos me eran absolutos desconocidos. Según dice ella, se me acercó y sin mediar saludo ni presentación previa, me abordó con:
- ¿Y tú quién eres?
A lo que yo, siempre según ella, me limité a decirle adiós y a largarme.

No recuerdo ese encuentro, pero no lo niego porque esa reacción de huída precipitada ante el abordaje de un desconocido es algo bastante propio de mí.
Diría más, si mi respuesta fue un “adiós”, como ella sostiene, debo reconocer que me mostré particularmente educado ese día. Hubiera podido responder: “¿Y quién eres tú?”  o “¿Y a ti qué te importa?” o ignorarla por completo.
Esa técnica de “dejar en visto/oído” a las personas desconocidas que me hablan, la estoy perfeccionando. No hace mucho, un tipo me abordó en plena calle para preguntarme acerca de la antena de su piso y sí, según yo veía, el cable estaba suelto o enchufado allá arriba, dos pisos por encima de nuestras cabezas. Imaginé que era algún tipo de distracción o encerrona para robarme (algo bastante habitual en nuestros días) así que me limité a mirarlo a él con la mirada de Ronda Rousey y no mediar palabra alguna.
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La mirada de Ronda Rousey (por Ronda Rousey)
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Aunque a mí me queda más bien así

He tardado muchos años (y mucha angustia) en descubrir que a la mayoría de la gente el silencio le incomoda. Por eso la gente suele decir tantas estupideces. Pero como yo vivo replegado hacia dentro el silencio no sólo no me incomoda sino que lo prefiero. El tipo del cable, o el ladrón o lo que fuera, optó por cruzar la calle y abordar a una señora que venía de la frutería (algo que deduje porque, aunque llevaba una bolsa de plástico de la zapatería, de la gran bolsa con el logo del zapato, asomaba un apio).

En otra ocasión, me encontraba yo dentro de mi vehículo esperando detrás del volante, cuando un tipo desconocido que venía por la acera, se planta ante la puerta del coche, la abre y dice:
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
Le cerré la puerta con tal ímpetu que si llega a meter la mano se la rompo.
¡Menudo susto me dio ese hijoputa!

¿Por qué estas invasiones del espacio personal?
A mí nunca-jamás-en-la-vida se me ocurriría ir a abrir la puerta de un coche con un desconocido dentro.
Como nunca se me ocurriría abordar a un viandante desconocido y preguntarle sobre el cable de la antena de mi piso.
Como nunca abordaría a un desconocido con un ¿y tú quién eres? así, a bocajarro.
¿QUÉ PUÑETAS LE PASA A LA GENTE?


Pero, volvamos al velatorio...
- La última vez que nos vimos -dice-, te pregunté quién eras y me dijiste adiós y te fuiste.

Era evidente que la señora estaba ofendida. Y lo estaba desde ese remoto día.
Y, como ya habrán deducido, yo me quedé en silencio.
Rompió el silencio un señor, también desconocido para mí, que se acercó, le puso la mano en la muñeca mientras decía algo ingenioso para romper la tensión silenciosa:
- Porque debía tener prisa, mujeeeer -lo dijo así, alargando la e.

Llegó entonces un tipo un mallas de running (¿Quién carajo va en mallas a un velatorio? ¡Holy shit!) y se plantó allí, se formó un corrillo de gente y volvió la avalancha de tópicos de velatorio acerca de la fugacidad de todo, las preguntas morbosas acerca del sufrimiento del finado o la lista interminable de otros parientes a los que han ingresado/operado recientemente.

En mi mundo -un mundo imaginario en el que me siento seguro- esa señora, ese remoto día, se hubiese acercado y empezado así:
- Hola. Yo soy Tal. Soy prima de A, tía de B, nieta de C, hermana de D… -o el parentesco que corresponda y así crear un zona comuna-. ¿Y tú quién eres?
Pero abordar directamente al otro me parece ofensivo. Así que si la señora esperaba un disculpa por no haberle respondido ese día… YO AÚN LA ESPERO AHORA porque sigo sin saber quién es y -francamente- creo que puedo vivir hasta el próximo velatorio sin saberlo.

He dicho.

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El velatorio (Ulpiano Checa)



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