sábado, 30 de enero de 2021

Extraños en un tren



¿Hay alguna razón por la que deban trabajar quienes no lo necesitan? Prefiero que mis úlceras las produzca la buena vida.

Es puramente cuestión de circunstancias, sin que tenga absolutamente nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un límite determinado... y sólo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto.

¿Por qué no lo hace, en vez de seguir hablando de ello?

Después, se duchó y se vistió como si tuviera que hacer algo aquel día, aunque no era así.

A veces me parece que aborrezco todo cuanto hay en el mundo. Ni pizca de decencia, ni de conciencia.

Siempre había ocurrido alguna cosa que le privaba del placer que ya daba por seguro.

Los procesos judiciales eran como un juego malévolo cuyo objetivo aparente no consistía en demostrar la verdad sino en permitir que los abogados se acometiesen mutuamente y uno de ellos resultase finalmente derribado a causa de algún tecnicismo.

Había, pensó, cierta falta de dignidad en la prisa.

Ella le ofrecía la ternura y la seguridad que tanta falta le hacían. Guy había comprobado que no siempre podía aceptarlas.

Los razonamientos no conseguían aliviar su ansiedad, ni hacerla menos agotadora.

¿Me harás el favor de dejar de esperar que suceda lo peor... por todo?

El domingo se había sentido demasiado cansado y deprimido para ver a nadie.

La misma luz que vería cada uno de los amaneceres de su vida, que siempre le revelaría aquella habitación; y la habitación se haría más definida a fuerza de repeticiones, y su horror, más cortante.

La ley de la sociedad era benévola comparada con la de la conciencia.

... la frecuenta sensación de no estar donde estaba, haciendo lo que hacía.

La Theologica Germanica -recordó Guy- decía que los antiguos germanos juzgaban inocente o culpable a un acusado según el número de amigos que acudían a dar fe de su carácter.

Helen era dibujante de publicidad, y buena, según Anne, pero trabajaba solamente cuando se le acababa la asignación trimestral y caía en un período de depresión.

Guy se percató de lo fácil que era mentir cuando había necesidad de hacerlo, pero se daba cuenta que iba tejiendo una tupida red de mentiras en torno a él, y temía que algún día diese un paso en falso.

Y su madre, vengativa, malévola como siempre, sin importarle dónde recaía la culpa, siempre y cuando fuese sobre alguien, sin que la pena lograse conmoverla, ablandarla.
 


Extraños en un tren
Patricia Highsmith 

Esta lectura formaba parte del Reto Lector: Efemérides 2021

sábado, 23 de enero de 2021

Sí, Dios mío, sí (2019)



Alice (Natalia Dyer) es una adolescente que vive en una comunidad profundamente religiosa de la América central. De repente, es victima de un rumor de índole sexual. Asiste a un retiro religioso (con sus propios compañeros de instituto y dirigido por un capellán de su centro educativo).
Alice que es inocente (pero no ingenua ni tonta) descubre que allá donde mire encuentra un abismo entre lo que las figuras de autoridad "le dicen" y lo que esas mismas figuras de autoridad "hacen".

El ordenador nos sitúa en la época de Yahoo y las salas de chat del mIRC


El tema es delicado y la película es delicada. 
Esa delicadeza la transmite una tenue actuación, muchas veces sin palabras, de la actriz protagonista.
Natalia Dyer fue Nancy Wheeler en Stranger Things


Una película de instituto USA, debe incluir al capitán del equipo de fútbol (de fútbol americano se entiende) pero aquí, ese personaje se aleja de la imagen que decenas de películas nos han conformado.

No hay maldad en los personajes, ni siquiera en la vigilante de pasillo que va midiendo faldas. O en el capellán. O en el chico y su novia. Existe la culpa. Una culpa anticipatoria que frena (o debería, según los religiosos) la pulsión de los adolescentes, y de la vida adulta que se abre paso.
Éste es su mundo y viven en él buscando un bien superior (que limita, que atosiga y que atemoriza... pero no tanto como el "infierno" que hay si haces cosas sucias a los ojos de Dios, nos vienen a decir).
Quizás por ello, la huida de Natalia del campamento de noche se siente como peligroso. Así como esos segundos previos a la entrada en un bar de carretera mal iluminado.

El bar de carretera resulta ser un bar de lesbianas (por llamarlo de algún modo). Un brochazo que chirría por lo repentino y lo inesperado. Unos minutos de charla de barra de bar con la propietaria, que le cuenta que también a ella la atemorizaron con el infierno, bastan para darle un "clic" al personaje. 
La chica del bar la devuelve, con su moto, al campamento. Pero con una semillita de esperanza: huir de esa comunidad hacia alguna universidad de la costa.

Natalia se despide del campamento sin venganza (ni sin confesiones de verdad innecesarias).  

Resumiendo:


La película recuerda el ambiente de Lady Bird, pero sin esa sorna y desparpajo de la protagonista. Aquí el peso de la América religiosa es mucho más intensa. Pero el film nunca viene a reírse de, ni a ser grosero con... Y desde luego no es explicito en nada indecoroso.
Porque rebobinar Titanic, una y otra vez, hasta la escena de sexo no es pecado.


Sí, Dios mío, sí (Yes, God, yes; 2019) de Karen Maine.

viernes, 22 de enero de 2021

Meme presidencial

#ClásicoDeBiblioteca presenta: queridos usuarios habituales (también en tiempos de #BiblioCovid)


Y el típico que entra cuando ya está cerrando la biblioteca... 


Y el #memebibliotecario / #bibliomeme dedicado a la gente de @bibtiana