miércoles, 31 de enero de 2018

Realizo un atraco perfecto

El otro día fui de incógnito a una biblioteca a cotillear un poco y vi que tenían un máquina de autopréstamo. Quise probarla pero tenía dudas sobre el estado “lleno-a-tutiplén” de mi carnet. Ah, qué vergüenza… (en realidad debería ser orgullo. Pero seamos sinceros: uno acapara con TODO lo que quisiera leer aún sabiendo que no tendrá tiempo para ello y harto de la renovación infinita a veces hasta devuelve libros sin leer. ¡Eso sí es una vergüenza!)

Así que hoy, con mi carnet debidamente aligerado y con todas las fechas de devolución en regla. Me he plantado de nuevo ante la biblioteca.



He entrado. Me he dirigido al primer catálogo que he visto. He tecleado “Pizarnik”. Me he dirigido al estante a por el único documento citado por el catálogo. He agarrado el libro y me he dirigido a la máquina de autopréstamo. Lo he prestado y he salido de la biblioteca.
Todo ello en menos de dos minutos.

La sensación ha sido de atraco perfecto.


Ahora me pueden llamar YorDillinger 😎

Al entrar a la biblioteca la alarma anti robo no ha sonado (siempre temo que suene y que aparezcan unos ninjas outta nowhere y me den una paliza). Había bastante gente deambulando por los estantes, así que nadie se ha fijado en mí (creo). Cuando estaba en la máquina de autopréstamo el compa, que estaba en el mostrador, atendía a una chica que le estaba dando sus datos para recibir información (así que él fijo que no me ha visto). Y al salir tampoco ha sonado la alarma (¡Perfect!).



Sobre el autopréstamo
Le das a la opción “préstamo” (con el dedo), pones el carnet en una esquina y luego los documentos en la superficie (que parece la versión opaca de un escáner) y ale.
No me ha quedado claro que se haya hecho el préstamo. 
Esperaba un mensaje a toda-pantalla: “Prestado hasta tal dia. Gracias”. Así que antes de irme he dado a la opción de “consultar” y he puesto el carnet para comprobar que lo que acababa de prestar estaba entre la docena de cosas ya prestadas. 
Ha sido para asegurarme. 
También he echado de menos el “pitido” del lector de códigos de barras ._.

¡Quieto todo el mundo!

A mí, que soy tan antisocial que a veces hasta me ignoro a mí mismo, poder sacar libros de la biblioteca sin tener que algún compa haga un trabajo rutinario de leerlos con el lector de  códigos me parece muy bien. Nos da más tiempo a ambos, a mí que no tengo que esperar mientras “me lo presta” y a él que puede dedicar su talento y su creatividad a cosas más productivas para el fomento lector que limitarse a leer códigos como un cajero de supermercado (con el debido respeto hacia los cajeros de supermercado).

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Ò_ó Bigila la hortongrafía